EL RETO DEL SER HUMANO CONTEMPORÁNEO
- Revista Acontecimientos

- 1 jul
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Actualizado: 5 jul

Azucena Martínez Gutiérrez
Universidad Autónoma de Zacatecas
Una vez que Kant puso -sin intención- el punto final a la metafísica con su propuesta filosófica y colocó en su lugar al ser humano como sujeto de la acción, tras promulgar con su: ¡sapere aude! la liberación del hombre de su minoría de edad -siguiendo la consigna de la Ilustración-, el reto para el hombre moderno y contemporáneo sigue siendo la libertad de hacer uso de su razón, es decir, liberarse de antiguos dogmas o mitos que fungieron como base y certeza de todo conocimiento y lo existente, así como emanciparse lo que implica hacerse responsable de sus actos. Validarnos como seres humanos cada uno por sí mismo a través del propio uso del libre ejercicio del pensar.
Kant consciente de la necesidad de una revolución en el pensamiento de la humanidad, nos advertía respecto al peligro de los dogmas, debido a que nuevos prejuicios suplantaban a los anteriores existentes en un ciclo interminable. Fijar a la razón a un estado de cosas de forma permanente era un atentado contra la ilustración, por ello la importancia de la lucha por la libertad, por el libre ejercicio del pensar.
Dios ha muerto, ¿Quién lo remplazará ahora?
El viraje de la frase de Nietzsche Dios ha muerto nos lleva a otro enfoque respecto a esta revolución del pensamiento, como si Nietzsche aceptara el reto que planteara Kant, pero sin asumirlo desde el ser humano adulto -emancipado de tutela ajena que le formó y cuyo libre ejercicio del pensar transformó en adulto que se hace cargo de sí mismo-, porque sería un error hacerlo así. ¿Cómo podríamos deconstruir lo que ya ha sido construido, orientado por la tradición, adoctrinado por la religión, ideologizado por la cultura, aleccionado por la escuela, instituido por el Estado y la política económica? No hay posibilidad en ello, no se puede reescribir sobre las páginas de un libro que ya ha sido escrito esa tinta ya secó.
El reto de esa revolución del pensamiento que develó la ilustración al poner al ser humano en el centro como sujeto de la acción sigue en pie y lo asume Nietzsche con otra propuesta, por eso Dios ha muerto, aún no terminamos de comprender el significado de esa frase; la ficción que erigió el ser humano como sustento de toda verdad y conocimiento, única realidad y certeza murió. ¿Quién le reemplazará ahora?
El mundo moderno, asumió que, tras la muerte de Dios, de los dogmas y mitos, ese lugar era para la razón, cual ente inanimado abstracto que se colocó por encima del ser humano y se olvidó de él en su afán por la búsqueda de la verdad. Incluso el argumento que nos da Hegel en la fenomenología del espíritu justifica esta deificación de la razón, con el viaje del espíritu. Cuyo argumento institucionaliza la existencia del ser humano gracias a la razón de Estado. La razón como verdad por encima del mundo, de la vida e incluso del ser humano.
¿Qué ocurrió con esa revolución del pensamiento? ¿con ese sujeto que Kant había situado en el centro de la acción? ¿a dónde se fue?
Dios ha muerto… ¿Quién lo reemplazará ahora?
Tiene que hacerlo el sujeto, el ser humano, el mismo que creo esa ficción para darle sentido a su existencia, pero no puede hacerlo un adulto por las razones expuestas anteriormente, sin embargo, es viable para un niño -no en sentido literal-, es así como la metáfora de las tres transformaciones del espíritu-en camello, león y finalmente en niño- de Nietzsche cobra sentido ahora. Y esa revolución del pensamiento a la que se refería Kant al apostarle a la ilustración la posibilidad de soltar el yugo de tutela ajena para difundir el mensaje del propio valer de cada hombre y de su vocación a pensar por sí mismo es posible ahora desde este enfoque del viaje del espíritu que nos propone Nietzsche, superando la pesada carga de la cultura, tradición y adoctrinamiento como lo hace el camello en un viaje agreste hacia la soledad de la reflexión filosófica personal, para luego enfrentar la lucha por la libertad como lo hace el león con toda la fuerza que ello requiere y finalmente caminar hacia la inocencia de la infancia, al olvido de todo lo aprendido dejar atrás la transvaloración, para reaprender a maravillarse con la vida, volver a mirar, escuchar, sentir, la conciliación con el mundo. Crear valores nuevos, otro mundo posible.
Un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí … Decir sí… ¿sí a qué?... Sí a la vida, nos expresa Nietzsche. Su propuesta filosófica es vitalista, de reconciliación con el mundo, ética y necesaria. Por eso Dios ha muerto, pero tras su muerte el mundo moderno erigió en su lugar otro dogma: la razón.
¿Quién ha sido el autor de todas estas ficciones sino el propio hombre?, ¿Cuál es la razón de que no asuma el lugar que le corresponde, de que insista en negar la vida y el mundo, de que no se emancipe de sus propias ficciones? Hacerlo, implica en definitiva una revolución del pensamiento más cercana a la revolución ilustrada con la que soñaba Kant.
Dios ha muerto, ¿Qué ser humano va a ocupar ese lugar?, el niño transfigurado en superhombre, el adulto que Kant formulaba no puede hacerlo porque aún no se ha emancipado de las ficciones de su propio pensamiento, se ha nutrido durante siglos de prejuicios y resentimientos de los que no ha podido librarse, una de las razones por las que las revoluciones por la libertad en todo el mundo no han sido ni son aún suficientes para cambiar la realidad de un país, pues no basta con quitar a una autoridad y poner en su lugar a otra diferente si ambas fueron formadas con los mismos elementos, tarde o temprano dicha autoridad terminará funcionando igual que la anterior, por ello se requiere de algo más, de un esfuerzo sobrehumano, Nietzsche acude al superhombre, como ese planteamiento vital.
El mundo moderno y contemporáneo diverso, complejo ha sido concebido por una racionalidad instrumental que se apoyó en ideas de pensadores que fomentaban el liberalismo, pero no el filosófico sino el económico con tendencias utilitaristas como el de Herbert Spencer, o Stuart Mill, progresistas. El sujeto, el hombre es ubicado en el centro de la acción, pero esa acción es económica y su desempeño es motivado por relaciones de intercambio de tipo comercial que se reducen a la utilidad o lo conveniente. La razón se vuelve instrumental como lo describía la escuela de Frankfurt con Adorno, Walter Benjamin y Horkheimer. El camino de la ilustración se desvió hacia la fiabilidad de la ciencia y la tecnología dejando atrás el postulado del libre ejercicio del pensar que valida a los seres humanos como tales.
Este hombre moderno y contemporáneo ya no es dueño de su voluntad tampoco de su cuerpo que renta o alquila por un salario o sueldo, cubre un horario o turno y toda su vida ha sido estructurada al interior de la institución del Estado, de manera que dependiendo su formación funciona como trabajador, ciudadano, padre de familia, etc. Solo cumple con el papel que le corresponde deacuerdo a la circunstancia en la que se encuentre y el país o Estado al que pertenezca. Su vida ha sido definida, previamente trazada y determinada, cada uno de estos hombres solo forman parte de una pieza más en tal estructura.
Estos son los adultos del mundo moderno y contemporáneo, que fueron constituidos en ese proceso a través de los años, donde la tradición, la cultura, la religión, la educación los fue moldeando hasta determinar y condicionar su pensar y actuar. Lo nuevo en ello es el hecho de que ahora también se ven influenciados por los diversos medios de difusión y las nuevas tecnologías, tornándoles conservadores por adoctrinamiento, viven en la inmediatez de lo efímero preocupados por el futuro temerosos de cometer los errores de sus congéneres del pasado solo conciben la posibilidad del futuro.
Su actitud de estos adultos pasiva, obediente y resignada frente a la vida no resulta viable para la revolución del pensamiento ilustrado que sugería Kant, tales adultos han sido heridos, dañados, vivieron y pasaron por procesos que dejaron huella o vestigios, que nutrieron prejuicios y resentimientos. En esas circunstancias su actuar y su voluntad han sido condicionadas.
Al respecto Nietzsche es más radical en el sentido de ir a la raíz del problema, ir más allá. Si no podemos deconstruir lo que ya está construido entonces vamos a proponer algo distinto, seamos niños otra vez, volvamos a esa inocencia a ese olvido, a ese volver a mirar con admiración la vida y el mundo, a dar un sí a la vida.
Si al adulto moderno, contemporáneo le es casi imposible concebir el presente porque solamente está preocupado por lo que va a suceder mañana, y su único interés está enfocado en el futuro, lo que lo lleva a olvidarse de la vida y de vivir, se conforma con ser sujeto pasivo de consumo para satisfacer su deseo con el dinero que obtiene por su salario o sueldo, en el goce de sus necesidades elementales. Ese adulto no puede ser ese sujeto, el hombre de esa revolución del pensamiento, su lugar ha de ser ocupado por el niño al que nos refiere Nietzsche quien asume una actitud diferente frente a la vida porque es capaz de mirarla con otros ojos.
La dinámica que ha funcionado hasta nuestros días en las relaciones de intercambio, desde la dialéctica amo-esclavo que enuncia que se necesitan y nutren el uno al otro, no es necesariamente una verdad absoluta, aunque haya funcionado de esa manera a lo largo de toda la historia de la humanidad. Pues no significa que sea la única forma de relación existente entre los seres humanos, el intercambio de intereses. Esta dialéctica descrita por Hegel marcha eficientemente para la dinámica de un sistema económico productivo, así como encaja a la perfección con la visión política de la estructura del Estado, sin embargo, ha vuelto al ser humano más desdichado, le ha condenado a la sumisión arrastrándolo a seguir el mito de un telos de naturaleza divina sin posibilidad de otro mundo diferente, ya que de hecho desprecia al mundo, y solo lo ve y acepta como instrumento de aprendizaje para la evolución del espíritu.
En la interpretación que hace Hegel de la finalidad de la historia, el viaje que hace el espíritu para reconocerse a sí mismo tras haberse enajenado primero y así finalmente evolucionar. Marca un camino institucional, donde el ser humano se desenvuelve en una estructura condicionada cuyo único propósito es la evolución del espíritu, por lo tanto, no coloca al ser humano en el centro de la acción, y si lo hace es como herramienta que obedece a los designios elevados del espíritu, donde el ser humano no es dueño de su voluntad ni libre en su actuar. El mundo tampoco es relevante en este planteamiento, en ese sentido el ser humano no será libre, continúa sujetado a una ficción construida por el hombre, que no responde a sus requerimientos o necesidades sino a los de un ser divino que se realiza a través del mundo en la acción humana. Hegel nos consigna a ser adultos temerosos de la voluntad divina si no concretamos el destino por el cual estamos en el mundo, pero no debemos olvidar que se trata de una propuesta filosófica no de una verdad absoluta, no hay que perder eso de vista.
Por lo tanto, el esfuerzo sobrehumano del superhombre de Nietzsche nos lleva a recuperar lo que perdimos al crecer como humanidad, la inocencia de la niñez, la capacidad de asombro, el olvido de lo irrelevante para dejar atrás los prejuicios y los resentimientos caminar hacia la vida sin cargar con los muertos, la capacidad creadora, hay que reinventarse, Dios ha muerto, hay que ocupar su lugar. Seamos niños, el vitalismo la propuesta ética de Nietzsche, con el superhombre.
Si la ilustración se desvió del camino como sugieren los representantes de la escuela de Frankfurt: Adorno y Horkheimer, hagamos un alto y consideremos la propuesta que nos plantea Nietzsche, el viaje del espíritu no tiene por qué ser un acto de inmolación, el viaje que emprende el espíritu en Nietzsche con las tres transformaciones en camello, en león y finalmente en niño, abre la puerta a una posibilidad diferente de reconciliación con la humanidad, con el mundo y con la vida.
No le hemos dado una oportunidad a la vida, ese es el reclamo ético que hace Nietzsche, es posible para el hombre moderno y contemporáneo abordar el reto del ejercicio del libre pensar, pero no desde la razón ilustrada que aspira a instaurar la racionalidad a toda costa en todos los ámbitos de la vida ese ha sido el gran error, de la cultura occidental, asumamos el reto desde aquí, desde nuestra circunstancia, Dios ha muerto, ocupemos ese lugar.
Bibliografía
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